martes, 6 de mayo de 2014

Sobre silbatos, discursos y diálogos.



Uno de los parques más importantes de Copenhague lleva el nombre de  “Fælledparken”, que en castellano, sería algo así como el parque de lo común o de lo comunitario.

Este parque es famoso porque cada año acoge la celebración del Primero de Mayo, con una celebración multitudinaria donde los grandes partidos de “izquierdas”  dan discursos y la gente se reúne alrededor de cervezas y comida.

El año pasado el 1 de Mayo llegó cuando el gobierno social demócrata había empezado a reducir impuestos para los ricos, eliminar prestaciones sociales, y, sobre todo, tras dos meses de lock-out o cierre patronal para imponer nuevas condiciones laborales a los profesores y profesoras de primaria.

En este ambiente a la izquierda no-parlamentaria danesa se le prohibió finalizar su manifestación en Fælledparken, (en teoría porque se negaban a pagar el nuevo cánon por acudir al parque, justificado como gastos de limpieza, etc.) . Sin embargo en una acción espontánea la manifestación entró en el parque y llegó hasta el escenario donde el alcalde de Copenhague no pudo terminar su discurso debido a los  abucheos de la gente.

La acción fue muy potente y muy provocadora. Nunca antes había ocurrido algo así en Dinamarca, y las caras de la gente que disfrutaba de su picnic al paso de la manifestación variaban entre el desconcierto, el apoyo o el enfado. Gritar “Social –demócratas, traidores a la clase obrera” o “ Helle es azul” (En referencia al bloque de derechas y a la primera ministra danesa, social-demócrata.) era, en sí mismo,  un acto de desobediencia atípico.

Manifestantes abuchean al alcalde Frank Jensen en 2013




Y así llegamos a 2014. La primera ministra, Helle Thorning-Schmidt, tenía programado un discurso en las celebraciones del 1º de Mayo (el año anterior no se había atrevido a aparecer) y un grupo anónimo de activistas convocó una pitada con unas semanas de antelación. Periódicos, radios y televisiones no hablaban de otra cosa: “Es anti democrático”, “No busca el diálogo”, “Es un ataque”, fueron los argumentos más repetidos. 

Finalmente las juventudes social-demócratas  se parapetaron alrededor del escenario para proteger a su líder (sí, esa que ha vendido la empresa pública de energía a Goldman Sachs, que ha reducido el presupuesto para educación y que sigue pavimentando el camino hacia una Dinamarca neoliberal). Pese a su presencia, la pitada fue monumental, aunque no se pudo apreciar ni por la televisión ni a través de los (inteligentemente) distribuidos altavoces, emitiendo a toda potencia las palabras de la primera ministra.

Protestas en el 1 de Mayo, 2014.

La acción en sí, o si fue adecuada o no, no es lo que me lleva a escribir este texto. Es la polémica que ha generado. Si la crítica más generalizada era  “¿Por qué no puede esta gente tomarse unas cervezas en  Fælledparken como todo el mundo?” O (y esto es literal) “¿Por qué se empeñan en politizar el 1 de Mayo?”. Mi pregunta es, ¿Cuándo se despolitizó? ¿Cuándo se perdió la capacidad crítica?.

Se nos acusaba a los que silbábamos o abucheábamos de no buscar el diálogo, pero ¿qué tipo de diálogo es un discurso desde un escenario  y negándose a que se produzca ninguna crítica ni reacción negativa?
 
Esta es una anécdota en una ciudad pequeña, en un país pequeño, pero creo que es exportable a otras muchas situaciones. Habla de la alarmante despolitización de nuestra sociedad y del contraste entre lo fácil que es hablar de diálogo y lo difícil que es, de hecho, dialogar.

"Estáis limitando mi libertad de expresión"

P.d.: ¡Mi primera entrada en este blog! Comentarios, críticas  y opiniones son bienvenidas, para que nosotras sí que generemos un poco de diálogo y sigamos construyendo poco a poco este espacio. (Qué nervios al darle al botón de publicar. ¡Pero ahí va!)

 

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