domingo, 11 de mayo de 2014

Su pastilla, gracias

Me estreno en este nuevo blog colectivo de la mano de una noticia que me encontré por las redes sociales hace poco más de un mes. Bajo el titular "Usted está enfermo: padece una vida normal", la entradilla prometía:

Analistas sanitarios advierten del peligro de la medicalización de la vida cotidiana, fomentada por la prescripción "innecesaria" de fármacos y la creación de enfermedades "inexistentes" para vender medicamentos.

En el artículo podemos leer afirmaciones como "la promoción de los medicamentos ya no se basa en informar sino en vender" o "Cuantos más recursos tenemos, más enfermos nos sentimos. Y estar enfermo es un negocio", mientras se hacen eco de la campaña "Que no medicalicen tu vida" que ha puesto en marcha la OCU recientemente.

Ojo, no traigo esto al blog porque esté del lado de los eternos escépticos de la medicina tradicional, que lo curan todo con terapias alternativas aunque su eficacia sea dudosa, y no vacunan a sus hijos aunque así estemos asistiendo a rebrotes de enfermedades que creíamos erradicadas. No. Pero creo que en la medicina tradicional en cuyas manos me pongo y confío, también es bueno estar alerta ante algunas prácticas, especialmente cuando no hablamos ya tanto de médicos como de la poderosa industria farmacéutica que busca el lucro antes que el bien común (otro gallo nos cantaría si contáramos con industrias farmacéuticas propias, nacionalizadas y públicas que actuasen con ética y responsabilidad).

Hablaré de un terreno que conozco bien: el de la psiquiatrización -y consiguiente medicalización- de la vida cotidiana. Por supuesto, hay muchas enfermedades mentales cuyos síntomas se alivian -y con ello el sufrimiento que estos generan- con el uso de medicamentos. Pero no sé si esto explica que, entre otros, el uso de antidepresivos se haya doblado en apenas una década, o si se debe más bien a que estamos tratando procesos dolorosos naturales, como la tristeza por el duelo tras la muerte de un familiar, o por una ruptura sentimental o -hoy más que nunca- por un despido... como enfermedades mentales que necesitan un tratamiento. Y, si lo son... estamos optando por un tratamiento farmacológico en detrimento de otras opciones psicoterapéuticas que quizá nos harian más bien (pero necesitaríamos un sistema de salud que permitiera consultas frecuentes y de mayor duración con nuestros profesionales... algo de lo que ahora el sistema de salud mental carece).

La segunda parte del artículo, aquella en la que arremete contra las pruebas diagnósticas preventivas porque son -a juicio de los profesionales consultados- un gasto excesivo, ya no me parece tan válida. De hecho, ni siquiera en mi alerta ante la sobremedicación es el derroche económico el primero de los argumentos que utilizaría, me preocupa más el estar sometiéndonos a tratamientos químicos innecesarios en vez de recurrir a alternativas más saludables, igual que me preocupa el establecer categorías de enfermo / sano sin tener en cuenta el estigma (y autoestigma) que puede conllevar para las personas esa categorización. Pero sí considero que el dinero invertido en prevención es eso, una inversión, y no hay por qué contar, como parece decir el artículo, con qué otras cosas sanitarias dejo de hacer si hago un elevado número de citologías de cuello de útero, por ejemplo. ¿Por qué no pensar que he dejado de comprar un tanque X o un caza Y a cambio de hacerlas? A mí, al menos, me compensaría...

Otro detalle en el que me fijaría sería cómo, también hablando del tema de la enfermedad mental, desde muchos profesionales de la salud y desde luego desde los poderes públicos están convirtiendo lo que deberíamos entender como problemas sociales, colectivos (como los procesos depresivos que pueden seguir a un despido, un desahucio... o la soledad en la que batallamos cada uno al haber creado una sociedad en la que la gente vive en compartimentos estancos, sin redes sociales -más allá de las virtuales, claro-, sin ese apoyo mutuo que hoy por hoy empezamos a construir, quizá tras el 15M y con referentes como los grupos de stop desahucios) en problemas -fracasos- individuales que pesan demasiado sobre unas espaldas que se doblan al cargar solos con ellos. "No encuentro trabajo porque no valgo", "me echan de mi casa porque no pago" y, en fin, toda la imaginería que nos quieren meter dentro bajo el paraguas del "he vivido por encima de mis posibilidades".

Frente a todo esto, rebelarse, informarse, tejer red, pelear. No contentarse con asentir dóciles, ni frente a unos gigantes farmacéuticos que tienen en mente ganar unos millones más antes de preocuparse realmente de nuestra salud, ni frente a un sistema que nos quiere culpabilizar por no ser capaces de aguantar el ritmo frenético de esclavos al que nos somete. No más aceptar las limitaciones de un sistema enfermo -él, sí- y vamos a construir otro que se viva mucho más en colectivo. Mira, como este blog  ;-)

martes, 6 de mayo de 2014

Sobre silbatos, discursos y diálogos.



Uno de los parques más importantes de Copenhague lleva el nombre de  “Fælledparken”, que en castellano, sería algo así como el parque de lo común o de lo comunitario.

Este parque es famoso porque cada año acoge la celebración del Primero de Mayo, con una celebración multitudinaria donde los grandes partidos de “izquierdas”  dan discursos y la gente se reúne alrededor de cervezas y comida.

El año pasado el 1 de Mayo llegó cuando el gobierno social demócrata había empezado a reducir impuestos para los ricos, eliminar prestaciones sociales, y, sobre todo, tras dos meses de lock-out o cierre patronal para imponer nuevas condiciones laborales a los profesores y profesoras de primaria.

En este ambiente a la izquierda no-parlamentaria danesa se le prohibió finalizar su manifestación en Fælledparken, (en teoría porque se negaban a pagar el nuevo cánon por acudir al parque, justificado como gastos de limpieza, etc.) . Sin embargo en una acción espontánea la manifestación entró en el parque y llegó hasta el escenario donde el alcalde de Copenhague no pudo terminar su discurso debido a los  abucheos de la gente.

La acción fue muy potente y muy provocadora. Nunca antes había ocurrido algo así en Dinamarca, y las caras de la gente que disfrutaba de su picnic al paso de la manifestación variaban entre el desconcierto, el apoyo o el enfado. Gritar “Social –demócratas, traidores a la clase obrera” o “ Helle es azul” (En referencia al bloque de derechas y a la primera ministra danesa, social-demócrata.) era, en sí mismo,  un acto de desobediencia atípico.

Manifestantes abuchean al alcalde Frank Jensen en 2013




Y así llegamos a 2014. La primera ministra, Helle Thorning-Schmidt, tenía programado un discurso en las celebraciones del 1º de Mayo (el año anterior no se había atrevido a aparecer) y un grupo anónimo de activistas convocó una pitada con unas semanas de antelación. Periódicos, radios y televisiones no hablaban de otra cosa: “Es anti democrático”, “No busca el diálogo”, “Es un ataque”, fueron los argumentos más repetidos. 

Finalmente las juventudes social-demócratas  se parapetaron alrededor del escenario para proteger a su líder (sí, esa que ha vendido la empresa pública de energía a Goldman Sachs, que ha reducido el presupuesto para educación y que sigue pavimentando el camino hacia una Dinamarca neoliberal). Pese a su presencia, la pitada fue monumental, aunque no se pudo apreciar ni por la televisión ni a través de los (inteligentemente) distribuidos altavoces, emitiendo a toda potencia las palabras de la primera ministra.

Protestas en el 1 de Mayo, 2014.

La acción en sí, o si fue adecuada o no, no es lo que me lleva a escribir este texto. Es la polémica que ha generado. Si la crítica más generalizada era  “¿Por qué no puede esta gente tomarse unas cervezas en  Fælledparken como todo el mundo?” O (y esto es literal) “¿Por qué se empeñan en politizar el 1 de Mayo?”. Mi pregunta es, ¿Cuándo se despolitizó? ¿Cuándo se perdió la capacidad crítica?.

Se nos acusaba a los que silbábamos o abucheábamos de no buscar el diálogo, pero ¿qué tipo de diálogo es un discurso desde un escenario  y negándose a que se produzca ninguna crítica ni reacción negativa?
 
Esta es una anécdota en una ciudad pequeña, en un país pequeño, pero creo que es exportable a otras muchas situaciones. Habla de la alarmante despolitización de nuestra sociedad y del contraste entre lo fácil que es hablar de diálogo y lo difícil que es, de hecho, dialogar.

"Estáis limitando mi libertad de expresión"

P.d.: ¡Mi primera entrada en este blog! Comentarios, críticas  y opiniones son bienvenidas, para que nosotras sí que generemos un poco de diálogo y sigamos construyendo poco a poco este espacio. (Qué nervios al darle al botón de publicar. ¡Pero ahí va!)

 

lunes, 28 de abril de 2014

¿Qué es voces colectivas?

Es un proyecto que iniciamos un grupo de personas con intención de expresarnos en un espacio colectivo donde se reflejen nuestras distintas formas de pensar, diversas experiencias, posiciones ante acontecimientos que suceden en la actualidad, sentimientos…
 
Nos conocimos durante las movilizaciones que siguieron al 15M y desde entonces le hemos cogido el gusto a hacer cosas en colectivo y trabajar en equipo. A las cañas habituales hemos añadido debates y reflexiones, acciones conjuntas, y una forma de entender la vida menos individualista. Todo esto nos ha llevado a entender y practicar conceptos como inteligencia colectiva, apoyo mutuo o trabajo en red, y a valorar la diversidad de opiniones que acaban enriqueciendo nuestra propia opinión personal.

Esperamos conseguir que este blog sea un poco reflejo de esto. ¡Disfrutad!