Esta semana he tenido la increíble suerte de haber trabajado delante de una marquesina de autobuses que me ha presentado la maravillosa idea que propone una cadena de gimnasios.
Para que sepáis de qué os hablo, aquí os dejo una fotillo:
Era un día soleado, así que la foto me salió con muchos reflejos, pero a pesar de ello, se puede apreciar bastante bien lo que aparece.
El anuncio vende una tarjeta para que toda la familia vaya al gimnasio junta. ¡Yujuuuu! El texto en pequeñito sólo hace referencia a la condición de que sólo podrán usar esa tarjeta miembros directos de la familia. Tengo la duda de qué es miembro directo y quién decide quién de mi familia es miembro directo, pero bueno, eso lo dejaré correr.
Analizando la imagen, podemos ver que en el anuncio aparece la clásica familia española: una familia que consta de personas chatas, morenas de pelo y piel, una mezcla de rasgos moriscos y gitanos y bastante bello - sobre todo facial en el rostro de los hombres.
Una familia compuesta de cuatro miembros: dos hombres y dos mujeres. Claro que sí, porque este gimnasio sí que lo peta y con un fifty-fifty demostramos que nosotros no creemos en la discriminación en función género y que eso del machismo es cosa de otras empresas.
Es por eso, por lo que la persona que más destaca es el papá. Con esa pose tan varonil, qué tanta energía transmite y tan seguros nos hace sentir. Y si no, preguntádselo a su mujer. Ya veréis. Ahí tan cómodamente apoyada en el hombre que la protege con su fuerte brazo mientras qué, con esa sonrisa tan natural y poco forzada, parece que le dice "tranquila cariño, ya verás, porque con esta tarjeta que tan naturalmente estoy sosteniendo, tú y nuestra prole también vais a poder ser un Geyper Man* con un corte de pelo tan perfectamente definido como yo. O bueno perdón, Geyper Woman en vuestro caso, porque aquí no somos machistas".
Y tiene razón, no lo son, por eso es totalmente equiparable las posturas y el espacio que ocupan los dos tíos y las dos tías en el anuncio. Y si no vale sólo con el ejemplo del papá protegiendo a la mamá mientras qué ésta se resguarda detrás de él, observen al hijo. Un hijo digno de su padre. Claro que sí. Olé. Todavía no ha madurado lo suficiente como para poder llevar un pelo tan geométricamente perfecto como su padre y su repeinamiento bieberiano todavía nos recuerda lo joven qué es. Pero eso sí, no tiene nada que envidiar la sonrisa. ¡Oh sí! ¡Cuánto transmite! ¡Qué naturalidad! Pero no voy a dejarme obnubilar por ella, que si no pierdo el hilo... ¿Por dónde iba? ¡Ah, Sí! Por las posturas. Observen como el chico, mira a la cámara orgulloso de sí mismo y se apoya fraternalmente en su hermana, sin ninguna otra intención que la ser un buen hermano. Pues claro que sí. No le está comiendo terreno. No la obligan entre él y su padre a tener que ponerse de lado para poder caber en la foto. No, no y no. Es todo súper bonito y el hecho de que los hombres ocupen 2/3 del espacio ocupado por las personas es puramente casual. Igualmente que lo es que ambas mujeres se vean integradas, abrazadas y supeditadas al espacio vital del hombre. Porque en este gimnasio somos feministas y no nos gusta perpetuar los roles.
Una vez hecho este análisis, está claro para quién va dirigido el anuncio, ¿no? Pues claro, para las familias. Pero no para cualquier familia ¿vale? Qué no se les ocurra a las familias monoparentales o homosexuales - o cualquier otro modelo que no asista al día de la familia en Colón - ir por ese gimnasio con la tarjeta porque a lo mejor descuadrarían los esquemas de los empleados y no sabrían qué hacer. ¿Cómo va a conseguir el departamento de "miembros directos" distinguirles? ¿Cómo van a saber a cuál de las dos mamás hay que mandar a pilates y a cuál a hacer máquinas? O, ¿tendrá el papá suficiente tiempo para hacer sus pesas y el aerobic que le tocaría a la mamá que está ausente? Aquí realmente hago un llamamiento: POR FAVOR FAMILIAS RARAS, NO COMPLIQUÉIS LA VIDA A LOS POBRES EMPLEADOS. La culpa no es suya ni de nadie. Es el mundo, que es así...
Pero bueno, por suerte, una vez descartada todas las familias no modélicas, podemos decir que, al menos, la gran mayoría podrán disfrutar de un servicio tan maravilloso como es esta oferta. La familia unida, rinde culto al cuerpo unida. ¡Claro que sí! Ya está bien de que sea siempre factores externos a la familia los que obsesionen a la juventud con tener un cuerpo 10. Si los anuncios de cereales o los escaparates de las tiendas de ropa pueden, ¿por qué no yo? Además, quién mejor que yo, que conozco a mi prole, va meterles pajas en la cabeza sobre cómo tienen qué cuidar cada gramo que pesan y preocuparse porque sus culos y abdominales puedan algún día ser también parte de esos escaparates. Porque, ¿para qué engañarnos?, yo quiero que mis hijos tenga el cerebro bien lavadito y, con un poco de suerte, conseguiré que mi hija baje de la talla 36 y sea la nueva modelo de Desigual(-dad) y mi hijo el nuevo Rafa Mora.
Yo lo tengo muy claro, cuando me case y tenga hijos, voy a llevarles a este gimnasio porque en la vida me he encontrado una actividad mejor. ¿Qué es eso del baloncesto o el fútbol? !Pues una puta mierda!! ¿Hacer ejercicio mientras distraen la mente de chavales y chavalas con otros valores como pueden ser el compartir y el trabajar en equipo? ¡Quita! ¡Quita!. A mis hijos que no les distraigan con paparruchas que luego no me llegan a nada. Sin un cuerpo escultural en esta vida nadie es nada. Luego querrán formar una familia y llevarles al gimnasio y, ¿qué pasará? Pues que pesarán dos kilos de más, tendrán un michelín de más o una arruga de más... Ahora diréis: "bueno, pero eso se puede arreglar". Pero claro, eso cuando son jóvenes. Pero cuando quieran asentar la cabeza, ¿entonces qué? Ya será demasiado tarde y no podrán. Y yo no quiero ser un mal padre y condenar a mis hijos al ostracismo. Si vosotros sí, pues vergüenza debería daros.
*El mérito de compararle con Geyper Man fue de mi jefa. Hay que reconocérselo porque a mi me hizo mucha gracia

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